jueves, 12 de febrero de 2015

TEMA 3. LA HISTORIOGRAFÍA (CÉSAR, SALUSTIO, LIVIO, TÁCITO)


1. Las primeras fuentes documentales

La primera manifestación historiográfica fue la historia analística (historia contada año a año). Los documentos que manejaron los analistas fueron las tablillas donde el Pontífice Máximo anotaba los sacrificios que habían de celebrarse, los días fastos o nefastos, los cónsules de cada año, los acontecimientos. También consultaron documentos de carácter político como textos de tratados, leyes, actas del Senado.

2. Los primeros analistas.

La analística se extiende hasta el siglo I a.C. Los primeros analistas comienzan la narración histórica desde la monarquía hasta las guerras púnicas. Escriben en griego porque su obra es una empresa nacionalista contra los cronistas cartagineses; tratan de justificar la política expansionista de Roma por el Mediterráneo ante el mundo helenístico. Los analistas de la primera época más conocidos son hombres políticos: Q. Fabio Máximo, L. Cincio Alimento, Gayo Acilio.

3. Catón.

Cultivó varios géneros, pero fue en la historiografía donde destacó especialmente. Catón reacciona contra el ambiente filohelénico imperante en Roma, que trataba de enlazar los orígenes de Roma con la historia de Grecia. Escribió los Orígenes, obra que supuso una gran novedad en la concepción histórica de la época por estos aspectos:

a) Está escrita en latín, frente al griego utilizado por los analistas.

b) Narra no solo los orígenes de Roma, sino también de los pueblos itálicos. Catón piensa que la historia del pueblo romano es también la de los pueblos itálicos sometidos y asimilados para una empresa común.

c) No le interesa la historia centrada en las individualidades ni en la aristocracia que trata de ensalzar a sus héroes. Para Catón los protagonistas de la historia son los pueblos. Es la primera manifestación de una historia social.

d) Se trata de una historia viva y colorista, animada por sus propios discursos, que introduce en la narración.

4. La historia como género literario.

Los analistas escribían con rudeza y, aunque consultaban las fuentes, con frecuencia falseaban la verdad. También Catón, a pesar de sus innovaciones y sus notables cualidades, está lejos de la perfección literaria. Aunque Cicerón nunca llegó a escribir historia, expuso en sus obras de retórica Orator y Brutus y en el De legibus las pautas de lo que sería en adelante el ideal de la historiografía latina: el historiador no solo debe narrar los hechos sino investigar sus causas y analizar sus consecuencias. Y desde el punto de vista estilístico, una obra de historia debe ser ante todo una obra literaria opus maxime oratorium, con el ornamento literario con que la embellecieron los griegos. Además la historia debe servir para que el hombre perfeccione su conducta, debe ofrecer un conjunto de exempla dados por los hombres del pasado como instrumentos de perfeccionamiento moral. Es la historia entendida como magístra vitae.


5. LA HISTORIOGRAFÍA DE CÉSAR

Cayo Julio César nació en Roma el año 100 a. C., seis años después de Cicerón, en el momento en que Mario, vencedor de Yugurta, de los cimbrios y de los teutones, era cónsul por sexta vez, unos doce años antes de la guerra social y de las luchas que iban a oponer a Mario y a Sila. Aristócrata de nacimiento y de gusto, dotado de una inteligencia muy viva, recibió una educación completa y sólida. Pronto se interesó por la política y por el partido de la oposición democrática, del que fue su jefe después de la muerte de Sila (78 a.C.). Recorrió todos los cargos de la carrera política. Recibió la administración de Hispania, y después del triunvirato con Pompeyo y Craso consiguió el gobierno de las Galias, a las que sometió en su totalidad en 8 años. Rechazó las órdenes del Senado y de Pompeyo, máximo representante de los intereses de la clase aristocrática, y entró en lucha con éste, derrotándole en la batalla de Farsalia (48 a. C.) y a sus otros adversarios en África y en España. Dictador de por vida, con un poder absoluto, trabajaba en la reorganización del Imperio cuando fue asesinado en el Senado el 15 de marzo del 44 a. C.

Los Comentarios

César no es un hombre de letras sino un hombre de acción. Aunque escribió diversas obras, entre ellas un tratado de gramática, lo esencial de su obra reside en los Comentarios. Estos son memorias de un hombre de guerra y de un hombre político, una recopilación de informes reunidos en una especie de diario. Los Comentarios sobre la Guerra de las Galias relatan en orden cronológico, en siete libros, las campañas de César en las Galias.

Los Comentarios sobre la Guerra Civil comprenden en tres libros los sucesos de los años 48 y 49 a.C. de enfrentamientos con Pompeyo y sus partidarios y finalizan con la muerte de Pompeyo.


Valor histórico y literario

Los Comentarios tienen un valor documental evidente. César narra hechos de los que ha sido testigo excepcional. Observa con lucidez y juzga con profundidad. Pero escribe unos libros con finalidad de propaganda política.

En la Guerra de las Galias quiere justificar su política de conquistas y poner de relieve los servicios que ha prestado al Estado.

En la Guerra Civil intenta con mayor evidencia aún hacer una apología personal, de forma discreta y hábil, y disminuir a sus adversarios. El interés literario es inmenso. César es un excelente narrador, sabe ordenar su relato con claridad y sobriedad, dándole relieve y movimiento.

Su estilo es sencillo y elegante. César va a lo esencial, pero con una precisión que tiene algo de pintoresco. La acción, el encadenamiento de los hechos, la participación de la voluntad humana y el azar constituyen su interés. Su lucidez le permite dar a cada elemento su valor exacto. No necesita más el lector. César le ha impuesto su visión de los hechos.

6. LA HISTORIOGRAFÍA MORALIZADORA DE SALUSTIO.

Cayo Salustio Crispo nació en Amiterno (Sabina) en 87 a.C., de familia plebeya, pero su juventud transcurrió en Roma, donde recibió la educación típica de la época: retórica y filosofía. Militó en el partido democrático, uno de cuyos jefes era César, y tomó parte en la frecuentes revueltas callejeras que ensangrentaban Roma en esos años.

Empezó el cursus honorum y fue cuestor y tribuno de la plebe en el 52 a.C. Entró así en el Senado pero fue expulsado de él por los censores con el pretexto de llevar una vida inmoral, aunque más bien debe interpretarse como una venganza personal. Tomó parte a favor de César en las campañas de la guerra civil en África. Después del triunfo de César, este le nombró propretor en Numidia, donde tuvo ocasión de estudiar la historia y geografía del país, y de amasar una gran fortuna.

A la muerte de César, se retiró a gozar de sus riquezas en una finca de Tívoli, compró además una gran extensión de terreno en Roma e hizo plantar en él unos jardines, que con el tiempo llevaron su nombre (horti Sallustiani), y más tarde fueron residencia imperial. Ocupó su retiro en la composición de sus obras históricas.

La conjuración de Catilina.

Esta monografía histórica sobre la conjuración de Catilina fue escrita probablemente en 47 a.C. El autor emprende la narración de los acontecimientos del año 63 a.C. con un espíritu favorable a César. Le interesa sobre todo la monstruosidad del personaje de Catilina y el riesgo que ha corrido el Estado. Salustio habla de acontecimientos que ha conocido bien: tenía veinticuatro años cuando tuvieron lugar.

La narración va precedida de unas consideraciones morales en que el autor justifica su decisión de dedicarse al cultivo de la historia, en concreto al de la historia del pueblo romano y, dentro de esta, ha elegido en primer lugar la conjuración de Catilina.

Al entrar en materia, lo primero que le atrae es la figura del personaje, un personaje de naturaleza extraña y demoníaca, que tiene las características fundamentales de la maldad y la fuerza, puestas al servicio de una desmedida ambición. Conocido ya el protagonista y la sociedad en que se mueve, vemos cómo se genera la conjuración y cómo se desarrolla a través de un relato dramático que no pierde su interés hasta el desenlace en la batalla de Pistoya.

La guerra de Yugurta.

Esta monografía, un poco posterior a la Conjuración de Catilina, cuenta la guerra que Roma sostuvo contra Yugurta, rey de los númidas, del año 111 al 105 a.C. Bien informado por las Memorias de la época, e incluso por obras en lengua púnica, y documentado por su propio conocimiento del país en el que estuvo como procónsul en el año 46 a. C., Salustio ha escrito una obra de gran valor histórico, que muestra a la vez sus grandes dotes narrativas. Por otra parte, en el estudio de este episodio importante de la lucha entre el pueblo y la nobleza, que caracteriza la ascensión al poder del plebeyo Mario, el historiador muestra un conocimiento detallado de los problemas sociales.

Después del Bellum Iugurthinum, Salustio compuso las Historiae en cinco libros, que narran desde la muerte de Sila hasta el año 67 a.C. En esta obra Salustio presenta las funestas consecuencias de la dominación de Sila, en particular, la corrupción de la clase noble y los enfrentamientos entre los dos partidos dominantes de esa época. Solo conservamos fragmentos, pero podemos deducir de ellos que se trataba de una obra de forma literaria muy cuidada.


El arte de Salustio

Salustio es un autor moralizador, pero su moralismo desciende al terreno del análisis concreto. En este aspecto se inspira en Catón, y en cuanto a su concepción política y pragmática, recibe el influjo de Tucídides.

La obra historiográfica de Salustio, salvo en algunos pasajes, no es pintoresca porque el relato se reduce a lo esencial. Pero da al lector el placer de comprender las causas de los sucesos y las intenciones ocultas de los personajes. Es también una historia intensamente dramática. Las luchas de las clases y de los individuos dan a las obras de Salustio la atracción de un verdadero drama.

Hay pocas descripciones, pero abundan los discursos y los retratos, ambos destinados a hacernos comprender las situaciones y a pintar a los actores. El estilo de Salustio es célebre por su concisión y por su movimiento rápido. Salustio utiliza sistemáticamente procedimientos como la disimetría para dar más variedad a la frase, el infinitivo narrativo, para imprimir más rapidez al relato, arcaísmos (unos, auténticos y otros, aparentes, que no eran más que modas ortográficas de la época), para volver el estilo más grave (gravitas) y severo. Son procedimientos típicos de una lengua erudita, artificialmente calculada, pero que produce un efecto original.

Su prosa se construye sobre períodos cortos, asimétricos, variados, con frecuentes elipsis y asíndeton. La brevedad, la agudeza, la rapidez son sus características más destacadas.

7. LA HISTORIOGRAFÍA IMPERIAL: TITO LIVIO Y TÁCITO

7.1. La historia nacionalista: TITO LIVIO

Nació Tito Livio entre el 64 y el 69 a. C. y murió en el 17 d. C. Su vida literaria se desarrolló en el contexto sociopolítico de la pax Augusta, coincidiendo con autores culminantes de la literatura latina, como Virgilio, Horacio, Ovidio, etc.

Tito Livio se propone narrar la historia de Roma desde sus orígenes hasta su época (Ab urbe condita libri). Constaba de 142 libros, divididos en grupos de diez o décadas. A causa de su extensión, hoy conservamos solamente las décadas I, III, IV y primera mitad de la V, pero conocemos el contenido total de la obra por los numerosos resúmenes (Periochae) que hicieron de ella los compiladores. Los diez primeros libros narran desde los orígenes hasta la tercera guerra samnita (293 a.C.) y los libros XHI-XXV tratan de la segunda guerra púnica (tercera década) y de la conquista del Mediterráneo oriental hasta 167 a.C. Tito Livio es un partidario de Cicerón en política (nunca ocultó su simpatía por la República) y en gustos literarios. Su obra histórica responde al ideal ciceroniano del opus maxime oratorium. A Tito Livio solo le interesa la historia del pueblo romano, su perspectiva es puramente nacionalista.

En cuanto a la forma, sigue los métodos de los analistas.  En cuanto a sus fuentes, nunca recurrió a documentos originales. Normalmente sigue a un autor para cada núcleo de acontecimientos, al que corrige y completa cuando hay contradicciones. Tácito lo considera un autor sumamente fiable. Sus valores literarios se realzan en el relato, los discursos y los retratos.

Sus relatos tienen el dramatismo que exigen los acontecimientos y a veces no falta lo cómico de las situaciones. Livio es famoso por sus discursos, que compone según las reglas de la retórica, y para el retrato utiliza el procedimiento de presentar los juicios de los contemporáneos sobre la persona retratada y los efectos que esta persona produce sobre aquellos. Su lengua ha evolucionado en relación con la de Cicerón o César; va más en la línea virtuosista de Salustio. Su ideal es la urbanitas, es decir, la plasmación de la lengua culta de Roma. Utiliza arcaísmos y abundantes licencias poéticas. Su frase, rica en subordinación cuando el relato es sostenido, adopta un ritmo más vivo y corto en los episodios dramáticos.


7.2. La historia como drama: TÁCITO

P. Cornelio Tácito nació entre los años 54 y 56 d.C., durante el reinado de Nerón. Pertenecía al orden ecuestre. Desempeñó varios cargos públicos, entre ellos el de cónsul y el de procónsul en Asia. Su elocuencia le hizo ganar muy pronto un alto renombre. Se dedicó a la historia después de 97 d.C.

Las obras historiográficas principales de Tácito son las Historiae, publicadas a partir de 106 d.C., y los Annales, publicados en el 117 d.C. En las Historias opone al reino de los Antoninos el período de convulsiones y de servidumbre que le precede inmediatamente, desde la muerte de Nerón a la de Domiciano (68-96); solo tenemos los cuatro primeros libros y el comienzo del quinto.

Los Anales, en 16 ó 18 libros, volvían a los más lejanos acontecimientos, desde la muerte de Augusto a la de Nerón (14-68). Quedan los libros I-IV y XI-XVI (este último incompleto) y fragmentos del quinto y el sexto. Tácito pensaba completar este conjunto con una historia de Augusto y otra de los reinados de Nerva y Trajano, pero no tuvo tiempo para ello.

Tácito aborda la historia como un hombre de experiencia política al que los acontecimientos contemporáneos han golpeado duramente y que ha aprendido a través de ellos a conocer a los hombres. La historia responde a unas preocupaciones serias que él asume y le ofrece a la vez el medio de servir al Estado mediante la denuncia de su debilitamiento interior y los daños que le amenazan. Encuentra también en ella la forma de arte que mejor se adecuaba a su genio. Su obra histórica se basa en una información sólida, pues controlaba los trabajos y las memorias de escritores anteriores, los documentos oficiales y los archivos del Senado. Método riguroso que hace de su historia un juicio imparcial de los crímenes de la época inmediatamente anterior. Pero su objetivo es más moral que científico: no le interesan las cuestiones económicas ni sociales, sino los dramas de la corte imperial, los actores de estos dramas y el despertar de los pueblos bárbaros; al narrar estos hechos no podía su espíritu permanecer impasible. Su sensibilidad, su imaginación le arrastran a menudo a interpretaciones personales.

Sus preocupaciones literarias le empujan a veces a modelar la realidad según su gusto. Estas libertades pueden dañar algo el valor histórico de su obra, pero no su autenticidad humana y su belleza artística. Tácito ha sido un gran pintor por su visión dramática de la historia, por el relieve de los personajes que animan sus dramas. Gustaba del análisis psicológico: retratos vivos, impresionantes los que se desprenden de su relato, de los gestos, de los discursos. A través de estos retratos, Tácito alcanza en su análisis los caracteres permanentes del alma humana, cuyos repliegues escruta con penetración, con finura y a veces con demasiada sutileza, llevándole a sospechar que en todas partes existe el mal y la hipocresía. Pintura pesimista y sombría, nunca exenta de profundidad.

Su estilo, a veces efectista, está marcado por la sobriedad, que no quita nada a la potencia sugestiva de la evocación. Tácito se opone a la elocuencia ciceroniana: su frase es variada en su estructura, en todos sus elementos; es concisa, a veces hasta la oscuridad, pero siempre vigorosa. Imita a los poetas en el vocabulario, la sintaxis, el ritmo, el orden de las palabras; por eso su estilo es poético. Este arte no responde solamente a la moda, al gusto de su tiempo, expresa más bien el vigor y la pasión de un escritor que se vuelca enteramente en su obra.


Influencia en la literatura posterior

Desde el Renacimiento toma gran importancia el estudio de la historia. Se sirven sobre todo de la manera de trabajar de Tito Livio.




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